Texto y fotos: @mario_mxjp.
Traducción: Tadayuki Goshozono.
Revisión: Emiliano Isamu.
 
En el marco del ciclo Anime: Animación japonesa de la posguerra, que abarrotó las salas de la Cineteca Nacional entre el 17 de julio y el 3 de agosto, el veterano director japonés Taku Furukawa (古川タク) fue el invitado de honor para compartir con el público su punto de vista acerca de la evolución de la animación japonesa. Justo antes de impartir su interesante charla, tuve la oportunidad de encontrarme con el septuagenario realizador en una de las cafeterías del recinto para entrevistarle acerca de los detalles de su trayectoria, entrevista que ahora compartimos con ustedes.

Escuché que usted estudió una carrera en idiomas, específicamente en español, durante la universidad. ¿Cómo fue que comenzó a interesarse por la animación? 
En la época de la preparatoria me gustaba mucho la música hispana y me comenzó a interesar mucho su cultura. En la universidad estudié el español para complementarlo con mi afición por la música, pero al mismo tiempo, desde que era pequeño me gustaba mucho el manga. Durante la universidad me dedicaba a estudiar el idioma y a mis actividades musicales pero, al finalizar la universidad, mientras todos estaban buscando empleo, yo me decidí por lo que me gustaba, que era la animación.

¿Cuál diría que fue su primera gran influencia cuando comenzó a interesarse por el manga y la animación?
Más que nada fueron los mangas de Osamu Tezuka que leí cuando era niño. También las películas animadas de Disney tuvieron una gran influencia en mí.

Durante el arranque del programa de cortometrajes usted mencionó que Yoji Kuri (久里 洋二) fue su maestro, ¿cuál fue su influencia en su trabajo? 
Su influencia más fuerte fue cuando vi una obra suya llamada Zoológico Humano (人間動物園, 1962) la cual es una animación de apenas algunos minutos y de dibujos muy sencillos, pero la idea subyacente y su profundidad me hicieron pensar mucho sobre que el anime no es sólo de animaciones largas, sino también de cortometrajes.

Zoológico Humano (人間動物園; Yoji Kuri, 1962)
Escuché también que por un tiempo estuvo trabajando para la serie Tetsujin 28, una animación de grandes estudios. ¿Por qué se decidió por la animación experimental? 
Tetsujin 28 fue una de las primeras animaciones para las que trabajé y más que nada lo hice para obtener experiencia, pues durante ese tiempo todavía estudiaba en la universidad. Me divertí mucho haciéndolo y aprendí mucho sobre la técnica y la estética de la animación. Pero después me di cuenta que lo que quería era involucrarme en todo el proceso y ser el creador de mis propias obras. Un día mientras trabajaba, el escritor del manga original, Misuteru Yokoyama vino al estudio. Al verlo pensé “creo que es mucho mejor ser el autor original que trabajar como otro animador más” (risas)

¿Cómo era el ambiente para hacer animación a mediados de los años sesenta?
En cada época hay un ambiente diferente y dentro de cada ambiente yo estuve en diferentes etapas de mi vida. A mediados de los años sesenta yo aún estaba en mis veinte y tenia una mentalidad de intentar cosas nuevas; fue una época experimental para mí, la cual era la corriente propia de la época. En aquellos años el cortometraje animado estaba comenzando a mostrarse internacionalmente. En Francia estaba el Festival de Annesy. Dos veces al año se reunían en Francia los principales realizadores que eran como dioses para nosotrosy teníamos la oportunidad de encontrarnos con ellos y presentarles nuestros proyectos. Fue una muy buena época.

Entonces usted, que ha atestiguado esos inicios hasta la actualidad, ¿cuál ha sido el cambio más importante en el terreno de la animación experimental?
Al comienzo la animación se hacía directamente en el rollo de película. Los realizadores se basaron en la manera en que se hacia un filme normal para empezar a idear una técnica de animación. Pero desde aproximadamente hace 15 años hasta la actualidad comenzó a fomentarse el uso de la computadora. De repente creció el número de oportunidades para quien quisiera dedicarse a la animación. No sólo eso, también impulsó nuevas formas de hacer animación. Por ejemplo, en otros años no se imaginarían utilizar algún tipo de escena que ahora se puede hacer a través de la computadora.
Prof. Toshihiro Jinnouchi (izq) y Dir. Taku Furukawa, durante la charla ofrecida en la Cineteca Nacional

Lo interesante es que sobrepasó las posibilidades tradicionales; al desaparecer el marco teórico, el mundo de la animación se vuelve cada ves más libre de expresión. La animación ya no abarca solamente el terreno de las películas, sino también otras áreas como videos musicales o videojuegos. Entonces, el mayor cambio es que la animación ha expandido sus raíces a otros terrenos. Otro cambio importante es que anteriormente hacer animación requería de muchas personas. Hoy en día incluso una persona puede realizar un largometraje de animación. Cada vez hay menos limitantes.

Cuando vemos un cortometraje terminado, éste dura 4, 5 minutos pero, ¿cuánto tiempo toma realmente en conseguir una idea para un cortometraje y cuánto tiempo toma desarrollarlo?
Existen muchos tipos de cortometrajes que van desde los 15 segundos hasta 10 minutos. Mi método es muy variado. A veces estoy calculando cuánto tiempo podría durar la animación, pero otras veces las ideas llegan solas y la inspiración es la que va midiendo la duración del cortometraje: comienzo dibujando a mi personaje principal y éste comienza a moverse solo; si ese personaje quiere seguir moviéndose, la duración se alarga.

Últimamente he intentado dibujar de una manera muy libre, sin pensar tanto en los tiempos, ni en el contenido; es una manera poco usual de hacer animación, quizás un tanto arcaica, pero me gusta mucho, pues es una manera de mantener la originalidad. Anteriormente era imposible hacer esto pues se tenía que pensar en los costos  para posteriormente iniciar con la filmación. Actualmente solamente se necesita disponer de una computadora.

Jyoukyou Monogatari  (上京物語; Taku Furukawa, 1999)
Ocurrente puesta al día del clásico de Ozu.

Tuvimos la oportunidad de ver cortometrajes suyos como Speed, Tarzan y Joukyou Monogatari y no pudimos dejar de notar cierta crítica hacia los efectos de la modernidad en la sociedad japonesa, ¿cuál diría que es el mensaje principal de sus cortometrajes? 
En sí, estoy representando la sociedad en la que vivo. Más que una critica, es un reflejo de la realidad, como si fuera un diario, sólo que en lugar de apuntar el año, el mes y el día, represento cómo estoy viviendo esa realidad.

También notamos que tienen mucho humor, ¿qué tan importante es provocar risas en el espectador y el humor dentro de su obra? 
No me gusta mucho la seriedad y realmente mi propia vida no es tan seria. No me gusta representar de forma tan seria las cosas. Intento hacerlo de una manera muy simple y entendible para el público. Como un mangaka.

¿En que tipos de trabajos se involucra TAKUNBOX, su casa productora?
En el pasado, cuando era más joven, solía contratar o tener más gente trabajando en proyectos; ahora trabajo de manera independiente y mis trabajos actuales se enfocan más en la ilustración y algunos trabajos para comerciales de TV. Todo lo que pueda hacer yo solo y que implique mi estilo, lo acepto, pero solamente hago las cosas que a mí me gustan.

Speed (スピード; Taku Furukawa, 1980) Por este corto,
Furukawa recibió el Premio Ōfuji Noburō
Después de 50 años, ¿qué es lo que más le sigue gustando de hacer animación?
Cuando los jóvenes me hacen esa pregunta suelo explicarlo de la siguiente forma: existe una golosina en Japón llamada Kappa Ebisen cuyo eslogan es "Yamerarenai, Tomaranai" ("no puedo dejarlo, no puedo parar"): Si lo comes tres días, te va a gustar siempre (risas). Para mí, hacer animación es lo mismo: un placer, algo que no puedo dejar de hacer. Aunque no me pidan trabajo, yo sigo haciendo mis animaciones y las subo a Internet. Mientras mi cuerpo se siga moviendo, seguiré trabajando.

Actualmente en la Ciudad de México hay un festival de animación contemporánea llamado Animasivo, ¿ha tenido la oportunidad de asistir? 
¡Sí, de hecho, el día que llegué a México lo fui a ver!

¿Qué le parece el nivel de animación o los temas que abarca en México?
Bueno, realmente sólo asistí al día de la premiación y recuerdo una animación sobre Oaxaca muy interesante que utilizó projection mapping. Hace 10 años recuerdo también una animación sobre el día de muertos dirigida por alguien de apellido Castillo (se refiere a Hasta los Huesos, de René Castillo) y me gustó mucho esa representación por medio de la animación. Solamente pude asistir un día al festival, pero presiento que con el futuro seguirá haciéndose más grande.

Para quienes inician en el camino de la animación, ¿qué palabras puede dirigirles para que continúen por ese camino?
Dentro de la elaboración de proyectos existen dos posibles caminos: trabajar para un título grande o tener un proyecto propio. Puedes formar parte de un gran equipo y adquirir conocimientos, o tener un proyecto propio y tener la satisfacción de decir “esta obra es mía”. Lo importante es decidirse o darse cuenta lo antes posible sobre qué es lo que realmente se desea. En mi caso, yo comencé trabajando para Tetsujin 28, que fue el primer y último titulo grande para el que trabajé, pues me di cuenta que no era lo mío (risas)

¿Qué opina de que el anime sea tan popular en otras partes del mundo, como México?
No siento que realmente la animación japonesa haya tenido como principal objetivo la expansión global, sino más bien creo que, incluso desde antes de los años sesenta, los escritores de manga estaban pensando en dejar algo para las generaciones futuras. Este sentimiento de herederale algo a la siguiente generación fue reproduciéndose hasta convertirse en lo que es hoy, ensañándole a los jóvenes japoneses lo que es interesante, siempre con una modificación o evolución que va caracterizando a cada generación.
Prof. Toshihiro Jinnouchi, Dir. Taku Furukawa
y Sr. Masaru Susaki (Fundación Japón en México)

Agradecemos las facilidades otorgadas por Fundación Japón en México para la realización de esta entrevista.

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